Una fotografía borrosa y mal enfocada de una portada de un casete, da ahora, casi un único testimonio de un material sonoro grabado en 1998 – la devastadora inundación de 2010 arrastró con ella recuerdos, fotos y materiales, razón por lo que ahora, muchos no contamos con ciertos objetos como el casete en mención -. El grupo Estanzuela de Tlacotalpan, se conformó a principios de los años noventa en la Casa de la Cultura “Agustín Lara” de la misma ciudad, teniendo como maestros a Don Cirilo Promotor Decena y a Don Evaristo Silva Reyes “Varo”, fundadores del Conjunto Tlacotalpan e instructores del recinto cultural tlacotalpeño. La camada de adolescentes que llegaron a la Casa de la Cultura, rondábamos los 14 y 17 años, si bien aprendimos las bases con Don Cirilo y “Varo”, debemos decir que ejercitamos y estudiamos el son jarocho con Julio César Corro Lara y Juan Manuel Rodríguez Domínguez “Juan Varela”, quienes eran jóvenes talentosos que ya formaban parte del mítico Conjunto Tlacotalpan y eran pieza fundamental para su permanencia y funciones del grupo institucional.
Esta camada de jóvenes a las que me refiero que llegamos en los entrados años noventa, eran Xóchitl Elena Torres Herrera y su hermano Cristóbal Cuitláhuac Torres Herrera, Juan Carlos Zapot “El Quemao”, José Fidencio Aguirre “Colocho” y quien escribe estas líneas; posteriormente transitaron muchos jóvenes más, donde probablemente omita algunos nombres involuntariamente, pero al momento se me vienen a la mente Huematzin Pulido “Hueman”, Mariana Cruz, Eder “Pope”, Edgar “Wily”, Guillermo Alcántara (+), Jhosimar Corro “El Güero”, René Lara y muchos más quienes aportaron su talento a este proyecto.
Para la época en la que nos encontrábamos, el fandango jarocho vivía un momento de gran efervescencia, y Tlacotalpan siendo la sede del Encuentro de Jaraneros probablemente con mayor afluencia tanto de músicos, bailadoras y público, era un espacio fértil y que propiciaba el amarre del gusto por la música jarocha. Razón por la que, con la asesoría y colaboración en el contrabajo de don Rafael Figueroa Alavés “Don Fallo”, se instaló un estudio “casero” en su taller de carpintería que se encontraba en la casona de la calle Venustiano Carranza en donde grabaríamos los sones que sentíamos nos identificábamos como agrupación. La iniciativa e impulso que Julio Corro nos transmitía y gestionó en ese entonces, considerando que éramos muy jóvenes en etapa estudiantil y sin recursos económicos propios, era poder contar con un testimonio sonoro que además, pudiera servir como un plan de ventas, en donde podríamos recuperar la “inversión” de la maquila, vendiendo casetes en los lugares en donde nos presentáramos. Cabe mencionar que en ese momento eran pocas las grabaciones que existían y que además ya los grupos consagrados se encontraban grabando en disco compactos, pero para Estanzuela, la opción de un casete era lo más viable económica y logísticamente.
En ese material grabamos los sones: La indita, El Toro Zacamandú, El Cascabel, El Valedor, El Butaquito teniendo como músico invitado a Raúl Martínez, y considerando la gran influencia que significaba y ha significado el grupo Mono Blanco, grabamos El Aguacero y Chuchumbé de Gilberto Gutiérrez y un Pájaro Cú que, retomando aquella versión del disco Al primer canto del gallo, se ejecutó cambiando a tres tonalidades diferentes.
Este material significó para la agrupación, el concretar un proyecto musical que se amparaba, ante todo, por la amistad y familiaridad de todos los integrantes, algo que sin duda se podía percibir en la música que se compartía y que actualmente se logra avistar cuando hay oportunidades de seguir compartiendo la música. Este casete, da cuenta principalmente de un proceso que se detonó en un pueblito de la Cuenca del Papaloapan, que siguió su curso por diferentes rumbos (Probablemente por la raíz de ser un punto de afluentes diversos entre los ríos y esteros en el Papaloapan) pero que así, como los ríos se juntan en la mar, la música y la amistad convergen en un mismo sentimiento que perdurará.
